
Este es otro de los casos paradigmáticos que fueron atribuidos al “Petiso Orejudo”.
Leonel Contreras dice en su libro:
“Aquel día era el jueves 7 de marzo de 1912. Reyna volvió de la escuela, tomó unos bollitos de maicena y salió nuevamente a la calle totalmente vestida de blanco. La mala suerte quiso que el Petiso pasara justo por aquella cuadra. En el instante en que la chica miraba la vidriera de la zapatería de Entre Ríos 538 Cayetano, en una combinación perfecta de sus instintos pirómano-infanticida, le acercó un fósforo prendiéndole fuego al vestidito blanco”.
No se porque tuve una corazonada: Este crimen no lo había cometido el “Orejas”.
Me puse a leer la primera Indagatoria que le realizaron al “Petiso”. Cayetano no hacía alusión, en ningún momento, a la niña.
Era como una voz que me susurraba al oído: “éste no fue Godino, no es la forma en la que él busca matarlos, no es su método”.
Sólo quedaba atar cabos:
1. Los Vainicoff eran una familia de inmigrantes judíos, Abraham, el padre, había armado un próspero negocio de “venta de Impermeables” en el zaguán de su casa. (¿Envidia, tal vez, considerando los altos niveles de pobreza de otros inmigrantes?)
La numerología de padre, madre e hija me decía que eran personas cerradas al resto de la gente, con una reducida comunidad de relaciones. Esto, lamentablemente, todos sabemos, es una costumbre judía muy arraigada. No es una crítica sino una realidad. Josefa Minsk era la más cerrada, lo que está indicado en su número kármico “3”. Esta mujer sumamente superficial, estaba siempre poco disponible para sus hijos, esto está perfectamente corroborado en el hecho que su hija, de apenas 5 añitos, salía sola a la calle a ver vidrieras, (volvía sobre el reiterado caso de una madre abandónica).
2. ¿Puede un fósforo, tirado al pasar, encender, tan fácilmente, un vestido de aquella época, en la que todavía no existían los tejidos sintéticos, los cuales, sí, arden rápidamente? Yo pienso que al menos tuvo que haber sido una antorcha, una vela o un encendedor de bencina.
3. Nadie vio al “Orejas”. Sólo se tienen los dichos de Josefa, repitiendo lo que dijo Reyna en el Hospital. ¿Era Cayetano una persona para pasar desapercibida? La niña estaba mirando la vidriera de una zapatería, ¿cómo pudo ver que la atacaba un muchacho al pasar? ¿Tenía ojos en la espalda?
4. Las heridas más graves que tenía Reyna eran en la parte delantera de su cuerpo, ¿acaso no estaba mirando una vidriera? ¿Dónde tenían que haber sido las peores quemaduras? En la espalda. Según dice también el libro de Leonel: “La espalda se encontraba intacta debido a que el vigilante Andrés Godoy había saltado de un tranvía en movimiento al ver el tumulto en la calle Entre Ríos y le había arrojado una frazada”. ¿?
¿Tumulto? Si había tumulto, ¿tuvo que bajar un vigilante de un tranvía para tratar de salvarla? ¿No hubo nadie más que pudiera ayudarla? ¿De dónde sacó este héroe la frazada?
5. El abuelo materno, que seguramente debía vigilar a la niña, estaba en la vereda de enfrente, charlando, demasiado lejos para cualquier emergencia. Cuando intentó cruzar la calle corriendo lo atropelló un automóvil y lo mató. ¿Cuántos automóviles a excesiva velocidad, tan rauda como para matar a una persona, podían pasar por Entre Ríos en ese año de 1912?
Llegado este punto deduje que este episodio tan desgraciado, que se llevó la vida de una niña y de su abuelo, tenía todo el aspecto de una ejecución xenófoba o tal vez de una venganza. El “Petiso Orejudo” no encuadraba en la xenofobia, él mismo la había sufrido toda la vida, para él todas las razas eran iguales.
La confesión de este crimen fue hecha por Cayetano en una ampliación de su Indagatoria. La policía siempre tuvo los mismos métodos para arrancar confesiones: amedrentación y torturas.
Leonel Contreras dice en su libro:
“Aquel día era el jueves 7 de marzo de 1912. Reyna volvió de la escuela, tomó unos bollitos de maicena y salió nuevamente a la calle totalmente vestida de blanco. La mala suerte quiso que el Petiso pasara justo por aquella cuadra. En el instante en que la chica miraba la vidriera de la zapatería de Entre Ríos 538 Cayetano, en una combinación perfecta de sus instintos pirómano-infanticida, le acercó un fósforo prendiéndole fuego al vestidito blanco”.
No se porque tuve una corazonada: Este crimen no lo había cometido el “Orejas”.
Me puse a leer la primera Indagatoria que le realizaron al “Petiso”. Cayetano no hacía alusión, en ningún momento, a la niña.
¿Si había confesado el crimen de Arturo Laurora, que no había cometido, por qué no narrar éste? No pudo ser un olvido porque en este ataque, como dice Leonel, se unían dos de sus preferencias: “los niños y el fuego”.
Era como una voz que me susurraba al oído: “éste no fue Godino, no es la forma en la que él busca matarlos, no es su método”.
Sólo quedaba atar cabos:
1. Los Vainicoff eran una familia de inmigrantes judíos, Abraham, el padre, había armado un próspero negocio de “venta de Impermeables” en el zaguán de su casa. (¿Envidia, tal vez, considerando los altos niveles de pobreza de otros inmigrantes?)
La numerología de padre, madre e hija me decía que eran personas cerradas al resto de la gente, con una reducida comunidad de relaciones. Esto, lamentablemente, todos sabemos, es una costumbre judía muy arraigada. No es una crítica sino una realidad. Josefa Minsk era la más cerrada, lo que está indicado en su número kármico “3”. Esta mujer sumamente superficial, estaba siempre poco disponible para sus hijos, esto está perfectamente corroborado en el hecho que su hija, de apenas 5 añitos, salía sola a la calle a ver vidrieras, (volvía sobre el reiterado caso de una madre abandónica).
2. ¿Puede un fósforo, tirado al pasar, encender, tan fácilmente, un vestido de aquella época, en la que todavía no existían los tejidos sintéticos, los cuales, sí, arden rápidamente? Yo pienso que al menos tuvo que haber sido una antorcha, una vela o un encendedor de bencina.
3. Nadie vio al “Orejas”. Sólo se tienen los dichos de Josefa, repitiendo lo que dijo Reyna en el Hospital. ¿Era Cayetano una persona para pasar desapercibida? La niña estaba mirando la vidriera de una zapatería, ¿cómo pudo ver que la atacaba un muchacho al pasar? ¿Tenía ojos en la espalda?
4. Las heridas más graves que tenía Reyna eran en la parte delantera de su cuerpo, ¿acaso no estaba mirando una vidriera? ¿Dónde tenían que haber sido las peores quemaduras? En la espalda. Según dice también el libro de Leonel: “La espalda se encontraba intacta debido a que el vigilante Andrés Godoy había saltado de un tranvía en movimiento al ver el tumulto en la calle Entre Ríos y le había arrojado una frazada”. ¿?
¿Tumulto? Si había tumulto, ¿tuvo que bajar un vigilante de un tranvía para tratar de salvarla? ¿No hubo nadie más que pudiera ayudarla? ¿De dónde sacó este héroe la frazada?
5. El abuelo materno, que seguramente debía vigilar a la niña, estaba en la vereda de enfrente, charlando, demasiado lejos para cualquier emergencia. Cuando intentó cruzar la calle corriendo lo atropelló un automóvil y lo mató. ¿Cuántos automóviles a excesiva velocidad, tan rauda como para matar a una persona, podían pasar por Entre Ríos en ese año de 1912?
Llegado este punto deduje que este episodio tan desgraciado, que se llevó la vida de una niña y de su abuelo, tenía todo el aspecto de una ejecución xenófoba o tal vez de una venganza. El “Petiso Orejudo” no encuadraba en la xenofobia, él mismo la había sufrido toda la vida, para él todas las razas eran iguales.
La confesión de este crimen fue hecha por Cayetano en una ampliación de su Indagatoria. La policía siempre tuvo los mismos métodos para arrancar confesiones: amedrentación y torturas.
El “Orejas” era el “perejil” perfecto, en el “momento” justo para endilgarle un crimen xenófobo, ocultando de esta manera, a la colectividad judía que no eran bienvenidos en esta tierra. Se mataban dos pájaros de un solo tiro.

MUY INTERESANTE¡¡¡
ResponderEliminarRICHIE dijo...
ResponderEliminarMUY INTERESANTE¡¡¡
22 de enero de 2010 18:23